Lluis Pasqual tienta a La Scala con un potente “Don Carlos” frente al destino

La Scala de Milán desveló este jueves las pérfidas lógicas del poder con el “Don Carlos” de Giuseppe Verdi, una obra elegida para abrir su temporada y con la que su director, el español Lluis Pasqual, fue aplaudido moderadamente, en una velada con olor a incienso y algún que otro grito “antifascista”.

El exigente público de La Scala dedicó en esta “Prima” o estreno unos 12 minutos de aplausos a la obra, además de una lluvia de rosas sobre los cantantes, aunque también se escucharon abucheos desde la parte alta de los palcos, donde se parapetan los seguidores más apasionados.

Los aplausos fueron para Pasqual, primer español en dirigir esta cita, pero sobre todo para el protagonista, el tenor Francesco Meli, Don Carlo; para la soprano Anna Netrebko, aclamada como la reina Isabel; para el barítono Luca Salsi, en el papel del duque de Posa, o para el bajo Michele Pertusi, coronado como Felipe II y que logró acabar pese a algunos problemas con su voz.

SOBRE LA OPRESIÓN

“Don Carlos” (1867) fue la tercera obra francesa de Verdi, con “Les Vêpres Siciliennes” (1855) y “Jérusalem” (1847), y en su enorme libreto, adaptación de la tragedia de Friedrich Schiller, abordó los temas que siempre le atrajeron, como las convulsas relaciones familiares o el eterno conflicto entre el poder temporal y divino.

Pero, en esta ocasión, como hiciera en otras piezas como la ‘innombrable’ “La forza del destino” (1862), la trama transcurre en aquella España donde no se ponía el sol.

Es la historia de un infante triste, Don Carlos, perdidamente enamorado de la princesa Isabel de Valois, su madrina y reina consorte, esposa de Felipe II.

La pugna entre el padre más poderoso del mundo y el príncipe infausto muestra una España estigmatizada por los clichés de la “Leyenda negra”, gobernada en cuerpo por un monarca enajenado y en alma por una todopoderosa Inquisición.

UN ESCENARIO COLOSAL

Sin embargo, el director de Reus evoca un mundo de grandeza, teñido por el oro o el pigmento negro más preciado, el olor a incienso y optando por el clasicismo, en un “in crescendo” que culmina en momentos grandiosos como un auto de fe.

La representación de la gran obra de madurez “verdiana” no era fácil: el “Don Carlos” es imponente, tanto que el maestro lo modificó durante dos décadas, aunque hoy se optó por la versión en cuatro actos, los mismos que las horas que dura.

Para ello, Pasqual ideó una instalación colosal que se transforma sin interrumpir la acción, permitiendo los muchos momentos de intimidad de la obra.

La historia culmina la trilogía que La Scala ha dedicado al poder -tras el “Macbeth” de 2021 y el “Boris Godunov” de 2022- y, por ello, transcurre en una torre de alabastro, inspirada en una ventana de la Colegiata de la ciudad castellana de Toro.

Mención especial merecería el vestuario ideado por Franca Squarciapino, ganadora del Óscar en 1991 por vestir al “Cyrano de Bergerac” de Gérard Depardieu.

UN DISCUTIDO PALCO REAL

La “Prima” atrae cada año a lo más destacado de la política y del arte italiano, pero en esta ocasión no contó en el Palco Real con el presidente de la República, Sergio Mattarella, por problemas de agenda, ni con la primera ministra, Giorgia Meloni.

La ausencia del jefe del Estado y la asignación de estas prestigiosas butacas causó la víspera cierta controversia porque no se lograba acordar quién debía ocuparlas.

Finalmente lo hizo la respetada senadora vitalicia Liliana Segre, superviviente de Auschwitz, ovacionada, junto al presidente del Senado, Ignazio La Russa, segundo cargo del Estado y criticado por su tibieza con el fascismo del pasado.

De hecho, una vez entonado el himno de Italia al comienzo de la función, alguien gritó desde un palco “Viva la Italia antifascista”.

En cualquier caso, La Scala sirvió también para dejarse ver, repleta de empresarios, famosos de mayor o menor solera, señoronas enjoyadas y varones en riguroso esmoquin negro.

La nota ‘pop’ la pusieron, sentados junto, el cineasta Pedro Almodóvar y la cantautora Patti Smith.

UNA “PRIMA” EN LA CALLE

La “Prima” no es un mero evento elitista -las mejores entradas rondan los 3.200 euros-, sino que es todo un acontecimiento seguido en directo por televisión por millones de italianos y amantes de la lírica de todo el mundo.

Tanto es así que algunas decenas de apasionados desafiaron al frío de pasmo de esta noche milanesa para seguirla en la pantalla de la Galería Vittorio Emanuele.

En la calle también se consumó otra tradición, la protesta de varias decenas de personas que desplegaron una bandera palestina, separadas eso sí por un potente cordón policial, mientras dentro, lo más granado de la sociedad disfrutaba del “Bel Canto”, ajena por unas horas a los avatares del mundo.

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