Abordando la enfermedad venosa crónica en verano: Causas, tratamientos y soluciones

La Enfermedad Venosa Crónica (EVC) se sitúa entre las afecciones más comunes, junto con problemas visuales y dentales, según advierten los expertos en salud.

Con una alta prevalencia, afecta aproximadamente al 50% de la población española, con una incidencia aún mayor entre las mujeres, siendo 6 de cada 10 quienes sufren algún síntoma asociado a esta enfermedad.

Los síntomas más destacados de la EVC incluyen dolor en las piernas, sensación de pesadez o hinchazón, calambres nocturnos, quemazón y fatiga. Estos síntomas, aunque comunes, pueden afectar significativamente la calidad de vida de quienes los experimentan.

Esta enfermedad crónica se atribuye a factores genéticos, pero también a factores externos modificables como el sedentarismo, el uso de ropa compresiva, la exposición al calor excesivo y una mala alimentación. Estos factores pueden afectar el correcto funcionamiento del sistema venoso, resultando en la inflamación de las venas y la aparición de varices, además de dolor y molestias asociadas.

Durante los meses de verano, la EVC tiende a empeorar debido al aumento de las temperaturas. El calor provoca la dilatación de las venas, lo que puede llevar a una acumulación de sangre en las piernas y a una mayor sensación de pesadez y fatiga.

Para abordar esta enfermedad, los pacientes pueden adoptar cambios en el estilo de vida, como realizar ejercicio regularmente, evitar estar mucho tiempo sentado o de pie, y mantener las piernas elevadas al descansar o dormir.

Además de estas medidas, existen opciones de tratamiento que incluyen terapia compresiva, tratamiento quirúrgico en casos específicos y el uso de fármacos venoactivos.

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