Karezza es la practica poco conocida para lograr un orgasmo

En el gigante universo de la intimidad, muchos consideran que el clímax es el único destino, pero ¿y si te dijéramos que hay un arte erótico que desafía esa creencia?

Te contamos qué es Karezza, una práctica que va más allá de la búsqueda del orgasmo, sumergiéndose en un torbellino de sensaciones que trascienden lo carnal.

La ‘meseta’ es el epicentro de esta experiencia, un estado en el que la excitación alcanza su apogeo, y para tocar ese cielo, solo se requiere una destreza aparentemente simple: el método Karezza.

Este término, derivado del italiano “carezza”, que seductoramente se traduce como caricia en castellano, se revela como uno de los senderos más efectivos y, a la vez, irresistiblemente sencillos.

Este juego sensual no persigue la ráfaga del orgasmo; más bien, su misión es sumergir a la pareja en una sesión relajada de conexión mutua. El Karezza no se enfrasca en la pasión desbordante, sino que, de manera magistral, trabaja también en el plano espiritual, avivando las llamas de la conexión sin olvidar el deleite sensorial.

El doctor John William Lloyd, visionario de la sensualidad, desentrañó los secretos del Karezza en 1931, pero la doctora Alice B. Stockham merece la corona como la pionera de esta práctica en los Estados Unidos. Su legado, según informa el medio TN, ha perdurado, revelando un mundo de sensaciones eróticas que va más allá de lo convencional.

En su obra, Lloyd despliega consejos íntimos sobre cómo perfeccionar la danza del Karezza y elevar la excitación a límites inexplorados.

Comienza con caricias suaves, palabras de amor susurradas al oído, un preludio que eventualmente se convierte en un baile de encuentros íntimos, sea oral, penetrativo u otras formas de conexión carnal. La clave radica en la lentitud, en despojar a la relación de la prisa y permitir que florezca el amor en lugar de la pura pasión.

En cuanto a las posiciones sugeridas, el misionero y la cucharita emergen como las estrellas de este ballet erótico. La premisa es siempre la misma: la lentitud como maestra, penetrar con delicadeza para evitar el frenesí del orgasmo.

Este enfoque cuidadoso desemboca en el anhelado clímax de placer, el instante previo a la ‘meseta’, pero aquí reside el arte, mantenerse en ese éxtasis tanto como sea posible.

Esta fase extendida no solo prolonga la experiencia sexual, sino que también teje un vínculo más fuerte con la pareja. El Karezza, más que una práctica, es un viaje sensorial que desafía las convenciones, llevándote a un reino donde el placer se convierte en un arte, y la conexión, en una sinfonía etérea de cuerpos entrelazados.

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