La ciencia ayuda a exculpar a la madre condenada por la muerte de sus 4 bebés en Australia

La Justicia anuló este jueves las condenas contra la australiana Kathleen Folbigg, que pasó dos décadas en prisión y que llegó a ser considerada “la peor asesina en serie” de su país, gracias a una investigación genética que planteó dudas sobre su responsabilidad por la muerte de sus cuatro bebés entre 1989 y 1999.

El Tribunal de Apelación Penal del estado de Nueva Gales del Sur determinó hoy en su fallo la existencia de una “duda razonable” que justificaba la “anulación” de las condenas contra Folbigg por tres asesinatos y un homicidio.

Folbigg- cuya defensa considera pedir una jugosa indemnización- se encontraba en libertad desde junio pasado cuando la gobernadora del estado de Nueva Gales del Sur, Margaret Beazley, firmara su indulto tras conocer las conclusiones de un informe del juez retirado Thomas Bathurst.

El exjuez- apoyado en una investigación genética coordinada por la española Carola García de Vinuesa- determinó que existían “dudas razonables” sobre la responsabilidad de esta mujer de 56 años, y además indicó que las entradas de su diario, que se usaron para incriminarla, “no eran admisiones fiables de culpabilidad”.

Estas son las claves de este caso que acaparó la atención mundial y que abre la puerta a dar una nueva mirada científica a algunos de los juicios en todo el mundo contra padres acusados de infanticidio.

La muerte de los bebés

Los hijos de Folbigg, Caleb, Patrick, Sarah y Laura, fallecieron entre 1989 y 1999 en Hunter-Newcastle, a unos 120 kilómetros de Sídney, cuando éstos tenían entre 19 días y 18 meses, mientras estaban bajo su cuidado.

Casada en 1987 con Craig Folbigg, todo comenzó cuando Kathleen gritó a su marido la noche del 20 de febrero de 1989 “algo le pasa a mi bebé”, al descubrir que su primogénito, Caleb, no respiraba, muriendo 19 días después de nacer.

“Pasó de nuevo”, lloró Kathleen Folbigg al pedirle a su marido que regresara a casa cuando su segundo bebé, Patrick, quien ya padecía de daño cerebral, ceguera parcial y ataques epilépticos, murió un 13 de febrero de 1991 a los ocho meses de edad.

En el tercer caso, Folbigg halló a su hija Sarah, de diez meses y medio, azul e inmóvil, muriendo el 30 de agosto de 1993. Seis años más tarde, el 1 de marzo de 1999, su cuarta hija, Laura, fallecía a los 18 meses después de que su madre la pusiera a dormir la siesta.

Inicialmente, los expertos consideraron que Caleb y Sarah fueron víctimas de una muerte súbita y Patrick de un ataque de epilepsia, mientras dejaron como “indeterminadas” las causas del deceso de Laura, lo que abrió la puerta a investigar posibles infanticidios.

El diario incriminador

Las investigaciones penales comenzaron en julio de 1999, poniendo especial atención en el diario de Folbigg. En él escribió: “soy la hija de mi padre”, en alusión a su padre biológico, quien mató a puñaladas a la madre de Folbigg en 1969, cuando ella era un bebé de 18 meses, después de que la mujer se fuera de casa.

Folbigg, quien se separó de su marido en el año 2000, escribió en su diario: “Me siento la peor madre del mundo, tengo miedo de que me deje como lo hizo Sarah (su hija). Se que tenía poca paciencia y era cruel con ella a veces y se fue (murió)”, o pasajes en las que achacaba que su estrés le hacía “hacer cosas terribles”.

Estos textos, que fueron clave en su posterior condena en 2003 por el asesinato de Patrick, Sarah y Laura, así como el homicidio involuntario de Caleb, a 40 años de prisión, aunque en la revisión del caso realizado por el exjuez Bathurst se determinó que las entradas del diario “no eran admisiones fiables de culpabilidad”.

Proceso legal
Folbigg, quien siempre ha defendido su inocencia, logró que el Tribunal Penal de Apelaciones le rebajara su condena en 2005 a 30 años, con derecho a pedir la libertad condicional después de 25 años de cárcel.

En 2008, las autoridades australianas ordenaron una investigación no judicial del caso, pero el entonces juez Reg Blanch, a cargo de la revisión, determinó que las evidencias contra la acusada, así como sus diarios, demostraban que Folgbigg había asfixiado intencionalmente a los menores.

El “eureka” de la científica española

El caso dio un giro en 2020, cuando un equipo de 27 científicos internacionales, coordinado por la inmunóloga española Carola García de Vinuesa y liderado por el danés Michael Toft Overgaard, concluyó que los decesos de los bebés de Folbigg podrían deberse a causas genéticas.

La investigación, publicada en la revista especializada “Europace”, de la Asociación Europea de Cardiología, vincula una mutación genética (CALM2) de dos de los niños, con la muerte súbita cardíaca, así como constató que los niños portaban variantes raras de un gen que mata a roedores por ataques epilépticos.

El caso fue reabierto nuevamente a raíz de una carta enviada en marzo de 2021 a las autoridades australianas por un centenar de científicos, incluidos dos premios Nobel, para solicitar el indulto y la liberación de Folbigg.

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