Las claves para entender la dolencia más frecuente en trastornos del movimiento

La enfermedad de Parkinson es un trastorno progresivo que afecta al sistema nervioso y las partes del cuerpo que son controladas por los nervios, según define la Clínica Mayo.

Los síntomas asociados incluyen temblores, lentitud en los movimientos, rigidez muscular, deterioro de la postura y el equilibrio, cambios en el habla y alteraciones en la escritura, entre otros signos.

Por otro lado, el sitio especializado MedlinePlus describe el temblor esencial como “un tipo de movimiento tembloroso involuntario”, frente al cual no se han podido identificar las causas específicas.

Tanto el primero como el segundo generan complicaciones en la vida de los pacientes, por lo que un diagnóstico acertado es esencial.

Es por esto que la directora del Departamento de Neurología de la Universidad de Navarra, María Cruz Rodríguez Oroz, escribió un artículo académico en el que descifró las aristas de este último fenómeno.

En su nota, publicada esta semana en The Conversation, la especialista anticipó que el temblor esencial es la dolencia más frecuente en cuanto a trastornos del movimiento, ya que afecta al 6% de las personas mayores de 60 años.

Sin embargo, puede presentarse desde edades tempranas. Según explicó, es común que los pacientes digan que tienen síntomas desde hace varios años, los cuales se van agudizando con el paso de la edad hasta afectar —más intensamente— a sus actividades rutinarias.

A diferencia del Parkinson, no es una enfermedad neurodegenerativa.

“Es provocada por una disfunción de circuitos neuronales implicados en el movimiento”, afirmó Rodríguez Oroz, “resulta frecuente que ocurra en varios miembros de la familia, por lo que existe un factor hereditario, pero todavía no se han detectado genes concretos en la mayoría de los casos”.

Este padecimiento suele manifestarse en ambas manos cuando se realiza una acción, aunque es posible que una de ellas se vea más afectada.

Según la experta, “si el temblor es lo suficientemente intenso, el paciente puede tener dificultades para realizar tareas cotidianas como escribir, sujetar un vaso de agua sin derramarla, utilizar los cubiertos al comer, lavarse los dientes, maquillarse, afeitarse, atarse botones o cremalleras y ponerse pendientes”, entre otras.

De la misma manera, hay casos en donde “también pueden experimentar temblor en la voz o en la cabeza”.

“Es una patología que puede impactar enormemente en la calidad de vida si alcanza una intensidad considerable. Por eso es importante buscar una solución personalizada a este problema”, añadió Rodríguez Oroz.

Tal como se decía más arriba, no se conoce el origen concreto del temblor esencial, aunque según la experta sí se sabe que “se produce por el mal funcionamiento de neuronas de un núcleo cerebral (el núcleo ventral intermedio del tálamo) implicado en el movimiento”.

“En estas neuronas, el patrón de descarga necesario para que el movimiento sea correcto es reemplazado por una actividad oscilatoria que se impone en todo el circuito motor. Esto hace que, al ir a realizar una acción, las manos tiemblen a la misma frecuencia de la actividad oscilatoria de dichas neuronas”, detalló en su artículo.

Pese a que se desconoce qué lo desencadena, hay estudios científicos que han sugerido un posible vínculo con una disfunción del cerebelo relacionada a la actividad neuronal.

Bajo esta línea, Rodríguez Oroz recalcó que “por lo tanto, es una situación diferente a la de otras patologías que producen temblores, como enfermedades degenerativas como el Parkinson”.

“En esta dolencia, el temblor (que suele ocurrir en reposo) surge por la muerte progresiva de neuronas que producen dopamina, un neurotransmisor encargado de modular el circuito motor y el movimiento normal”, precisó refiriéndose a esta última.

¿Cuáles son los tratamientos?

Respecto a cómo se enfrenta el temblor esencial, la experta dijo que “los tratamientos están dirigidos a restaurar el patrón de actividad de las neuronas para que la ejecución del movimiento sea correcta”.

Aún así, añadió que en muchas ocasiones aquello no tiende a ser suficiente para que los afectados puedan llevar su rutina en condiciones óptimas.

Frente a este escenario, enfatizó que actualmente existe un sistema médico llamado HIFU, el cual trabaja con ultrasonidos de alta intensidad que permiten “lesionar sin cirugía craneal abierta y de un modo controlado las neuronas afectadas en el núcleo ventral intermedio del tálamo, que es una estructura profunda del cerebro”.

“Una de las mayores ventajas de este procedimiento es que la mejora del temblor suele producirse de forma inmediata”, aseguró la especialista.

No obstante, al igual que en otros tratamientos, pueden surgir efectos secundarios, aunque en sus palabras, “generalmente están relacionados con la aparición de un edema alrededor de la zona lesionada, lo que se solventa al poco tiempo”.

Cabe recalcar que siempre es recomendable visitar a un médico para obtener un diagnóstico personalizado y evaluar las mejores formas para enfrentar el caso.

 

 

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